Mediterráneo
Miércoles, Julio 14th, 2010Desde que nací llevo escuchando que Málaga es una ciudad que debería abrirse al mar y me temo que han pasado poco más de treinta años y sigue cerrada a cal y canto.
Urbanísticamente no parece que haya duda de la ya tradicional afirmación, pues empezando por el extremo oriental de la ciudad tenemos la fabrica de cemento ‘La Porla’ que no parece precisamente una puerta ‘mediterráneamente’ abierta ni al mar ni al turismo, luego el eterno debate de las casas de El Palo y Pedregalejo que paradójicamente viven de cara al mar pero la ciudad no sabe como colocarlas.
En el centro el puerto no deja con su valla que nos impregnemos de mar directamente, una visita a La Coruña o Barcelona nos daría un claro ejemplo de lo que nos estamos perdiendo por poner y quitar vallas dos metros aquí y allá, y no derribarlas por completo.
Pero al igual que una Málaga cultural no es tener cuatro museos, ni tan siquiera cuarenta, una ciudad abierta al mar no es tener playas de cien metros de ancho.
Una ciudad abierta al mar pasa porque seamos conscientes de la importancia del mismo.
Importante en nuestra historia y en nuestros orígenes, importante en nuestros oficios y en el comercio y esencial en nuestro futuro mediante las relaciones que podemos hacer gracias a la posición estratégica del mar, ya que no es el mar el que está ahí en frente, sino nosotros los que estamos detrás de él, geopolíticamente significa el mediterráneo, el estrecho de Gibraltar y la relación con África.
Estar abiertos al mar es mirar un atardecer y que efectivamente parezca que la ‘Virgen esta planchando’ pero también el mar debe estar en la educación de los niños y contarles lo que guarda y lo que nos da día a día en el ocio y en el negocio, debe implicar un carácter propio a la ciudad una actitud abierta y hospitalaria. Por cierto soy de Málaga y nací en el Mediterráneo.
Publicado originalmente el 22 de junio el el diario La Opinión de Málaga
Fotografía: Málagaenfotos





