El Noray

Calle Goya en Torremolinos
Goya, Velázquez y Murillo, además de tres grandes pintores, son tres entrelazadas calles de Torremolinos. No recuerdo si aún nuestro destino turístico por excelencia era el barrio más occidental de nuestra ciudad de Málaga, pero hace veinticinco años yo pasé allí más de un verano.
En calle Goya estaba El Noray, una inmensa casa de planta circular que hoy en día ya no es tan grande y eso es lo peor de volver a los sitios idílicos de la infancia: que son mucho más pequeños.

Allí con mi abuela pasábamos el verano, entre chinos del jardín y árboles a los que subir, sin televisiones ni consolas, no había aire acondicionado, ni piscina, ni spas, íbamos descalzos hasta la playa y sin camiseta –una locura vamos–. Una vez en la arena hacíamos fuego y mientras mirábamos de reojo a las suecas que nunca eran suecas, nos comíamos sardinas, que mi tío Luis había espetado con las manos y Salvador el del chiringuito siempre estaba dispuesto a darnos «un cocacola», pero solo uno, que no existía lo de sin cafeína. Antes de volver a El Noray nos colábamos en la piscina del Aloha puerto.

En realidad el hotel no tenía apenas barrera entre el jardín y la playa. Allí en el agua de la piscina dejábamos la arena de la playa y algún que otro deseo infantil con más suecas que se torraban al sol malagueño. Evidentemente tardaban poco en echarnos, pues algo más de media docena de primos armando escándalo no pasaba desapercibida – en realidad nos dejaban darnos un baño antes de ir a comer pero a nosotros siempre nos gustó pensar que nos colábamos–. Al llegar a la casa de la abuela siempre saltábamos por la valla que daba a la calle para no tener que dar la vuelta –ahora no se puede porque todas las casas son fortalezas con cámaras de vigilancia–.

Nunca supe por qué El Noray se llamaba El Noray: quiero imaginar que es El Noray donde el barco de mis recuerdos de la infancia quedarán atracados otros veinticinco años más.

Articulo publicado originalmente el día 5 de julio en La opinión de Málaga



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